CARRUSEL: LA MÁQUINA DE LA ALEGRÍA

Una historia que sigue dando vueltas

Sin duda que la inauguración del carrusel, en el Paseo General Navarro o como comúnmente se le conoce “La Alameda”, trajo innumerables recuerdos a muchos vecinos de la Capital, ya que muchos dieron vueltas en el carrusel “Virgen del Valle”.
jueves, 11 de mayo de 2017 · 06:18:00 p.m.
Ese era el nombre que tenía, allá por el año 1964, cuando Antonio Moya logró con mucho esfuerzo y bajo el empeño de su palabra traer el primer carrusel a la provincia. "Yo me fui a trabajar en  Ezeiza, en Buenos Aires. Me acuerdo que viajaba todos los fines de semana a la Capital. Tenía que ir por la estación, en Constitución. Al frente, había una plaza en donde había una calesita. Yo la miraba por horas”, comentó a Revista Express el responsable de varias generaciones de risas y alegrías.
 
Antonio, quien creció en las calles de la peatonal, recuerda que en su niñez venían parques de diversiones a un playón que estaba en la esquina de Rivadavia y Zurita. "Se llenaba de chicos y de alegría, pero cuando se iban, no quedaba nada”, expresó con un dejo de tristeza.
 
Ese lugar sería, con el pasar de los años, donde se inauguraría el primer carrusel. "Me acuerdo que el padre de Pepito Santillán, el músico, me hizo con chapa un cartel con el nombre que acompañaría siempre al carrusel”, indicó Antonio. Y, como no podía ser de otra forma, el día de la inauguración vino el párroco de la iglesia Corazón de Jesús, "don Quiroga”, para bendecir la "máquina de la felicidad”.
 
Poder vivir ese momento, le costó a Moya un largo camino de esfuerzo. "Cuando miraba el carrusel en Buenos Aires, el dueño me tenía mucha desconfianza. Hasta que, con el tiempo, me atreví a decirle que era de Catamarca y que me interesaba comprar un carrusel para traerlo a
mi provincia”, aseveró el hombre. Fue así, que Antonio consiguió los datos necesarios para poder llegar a la fábrica.
 
Según lo que recuerda, esta quedaba en Rosario y era propiedad de cinco hermanos. "Cuando llegué, me dijeron el precio y yo tenía la mitad. Y la cosa se ponía peor, porque no fiaban. Aunque mi familia y un amigo me querían ayudar, yo no llegaba a costear el precio”, dijo el
hombre.
 
Por esas cosas de la vida, Antonio no se dio por vencido y logró averiguar la dirección de uno de los hermanos, dueño de la fábrica. "Tomé coraje y fui a buscarlo. Gracias a él, me dejaron el carrusel en cuotas, sino no podía traerlo”, relató.
 
Sin embargo los problemas de este hombre no se acababan, ya que el traslado del carrusel a la provincia también corría por su cuenta. Fue así, que el padre de Moya fue a hablar con el señor Furque, quien tenía camiones y trasladaba de Rosario a Catamarca mercadería. "Es el padre
del Dr. Furque, fue él quien accedió a costearme el traslado, por pedido de mi padre”, señaló Antonio.
 

EL TRASLADO DE LA ALEGRÍA

Si bien el carrusel fue inaugurado en la esquina de Rivadavia y Zurita, este tuvo diversos viajes durante sus casi cinco décadas de vida. Fue así que posteriormente fue trasladado unas cuadras más al norte, en donde hoy se encuentra el edificio de Telecom. Luego llegó la dictadura militar
a Catamarca y le solicitaron que se retire de la Peatonal. Por ese motivo, la Calesita estuvo muchos años en la Plaza 25 de Agosto o como vulgarmente se la conoce "Plaza de la Estación”. Una vez cumplido el ciclo allí, los hermanos Moya se fueron de gira por el interior. Y fue así que
el carrusel estuvo el Belén, Santa María, Tinogasta y hasta la vecina provincia de Santiago del Estero. Al regresar, el carrusel fue ubicado en el terreno de un amigo de Antonio, sobre la calle Caseros. De ahí, se fue a la Manzana del Turismo, en donde se realizaron algunas ediciones de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Posteriormente, se fue a la plaza de avenida Belgrano y Junín. Y finalmente, cumplió su ciclo de vida en La Alameda, en donde los vándalos
se encargaron de que la música del carrusel deje de sonar. "Nos cansamos de hacer las denuncias, pero ya ni nos prestaban atención”, sostuvo Roque Moya, hermano de Antonio
que estuvo a cargo muchos años del carrusel. Fue por eso, que tomaron la decisión de venderlo por partes.
 

ANÉCDOTAS

Tanto Antonio como Roque tienen hermosos recuerdos de su vida junto al carrusel. "Me encantaba ver a los chicos alegres y a sus padres del otro lado, esperando que finalicen su vuelta”, agregó Antonio. Asimismo, recordó: "Una vez en la Manzana de Turismo, los Cantores del Alba subieron al carrusel. Se acercó tanta gente que tuvimos que pedirle custodia a la
policía”.
 
Por su parte, Roque comentó su vivencia: "Estaba en un supermercado en Córdoba, ya pagando y escucho a una nena que decía ‘el señor de la calesita’, cuando me doy vuelta la nena estaba señalándole a la madre que era yo, el señor de la calesita”.
 
EL FIN

Fue así que, en el año 2002, la calesita dejó de girar y su música de sonar. Pero al enterarse de que un nuevo carrusel iba a ser colocado en La Alameda, ambos sostuvieron que "ojalá que lo cuiden, porque la plaza quedó muy bonita y sería una lástima que los vándalos rompan otra calesita más”.
 
Texto: Noelia Tapia López
Fotos: Diego Rodríguez
Revista Express


Otras Noticias